15 julio 2025
Ángela y yo (David) hemos roto
La llevaba todos los días en mi bicicleta hasta el camping y una noche...
Al habla David Viñas.
Si estás en la movida, el rollito, la onda, el tema, habrás, al menos, oído hablar del festival (internacional) de teatro clásico de Almagro. Nosotras acabamos de volver de allí y, como si fuera un peregrinaje, siempre volvemos en busca de un poco de suspensión de realidad. Y Almagro siempre lo da, como si el teatro se desbordara de los escenarios y empapara los tobillos de todos los que allí se encuentran.
Aquí conocí a mi partner in crime de Sutura Teatro, Ángela Harris Bueno, uno de los amores de mi vida; en Almagro, nos enamoramos. Éramos voluntarias en el festival. Ella había ido numerosas veces, yo era un rookie con ganas de dejar K.O. al amor (jajaja qué coño estoy escribiendo). De la primera obra a la que asistimos, mis colegas y yo salimos fascinados. Allí estaba Ángela, que nos preguntó sensaciones y, con entusiasmo afirmamos que nos había encantado y que, «además», sentenció Jorge, «incluso las palabras rimaban». A lo que Ángela nos respondió: «Sí… claro… es el siglo de oro, todo rima…». Un silencio muy gracioso aconteció en ese momento. Yo por aquel entonces escribía poesía y este teatro me fascinó. Adoraba sobre todo las comedias y el ingenio combinado con el verso (por supuesto, terminé escribiendo El Viajante, un microteatro en verso y la primera pieza que Sutura creó). Ángela también me fascinó. La llevaba todos los días en mi bicicleta hasta el camping y una noche, sentados en la entrada de este, mirando las estrellas, nos besamos.
ADVERTENCIA:
Ángela me pide en este punto que deje MUY CLARO que lo dejamos hace ya un año. Entiendo que esta aclaración pretende anunciar a todo nuestro público que disfruta de la soltería pero que toda oferta amorosa (excepto la mía) es bienvenida. Aunque no estoy seguro, ella es la dramaturga de la compañía y os lo podrá instruir mejor que yo. Os dejo su correo electrónico por si os han surgido dudas: enjundiacreaciones@gmail.com
FIN DE LA ADVERTENCIA.
Pasábamos el día colándonos en obras que no podíamos pagar a cambio de menudencias como vender agua o proporcionar sistemas de ayuda auditiva para la personas que lo necesitaran. Recuerdo de llegar a tener tal cansancio encima que, en la tercera obra del día en la que me infiltré, aprovechaba y me dormía profundamente en mi butaca. Butacas cuyo coste rondaban los treinta pavos el asiento.
Lamentablemente, a los dos años quitaron a los voluntarios del festival. Ahora las pago, pero no me las puedo permitir. El año pasado les comenté a unas amigas que la opción más barata era ir al camping del pueblo. Sin embargo, ellas dejaron volar su imaginación por debajo de la dignidad humana y propusieron: ¿Y si dormimos en el coche y con el dinero que nos ahorramos en el viaje y el alojamiento vemos más obras? Y mis vértebras en ese momento se quejaron emitiendo un sonoro crujido que interpreté como un pedo. Estos últimos dos años hemos dormido en olivares y ruinas aledañas al pueblo. Algún día con suerte entablábamos amistad con alguien y nos dejaba dormir en su casa. En realidad, podíamos y podemos hacer un esfuerzo y pagar por una cama, pero ponerse las cosas difíciles le da un toque de epicidad (y de tontería) al relato. El relato de unos jóvenes, cada vez menos, encontrándose con un teatro viejo, cada vez más.