3 septiembre 2025

Cómo trabajar en tu compañía de teatro o proyectos personales cuando han roto contigo (y no es verano)

Esos huecos se llenan con los recambios, con las relaciones fallidas que llamamos amigos.

Al habla David Viñas.

Cómo trabajar en tu compañía de teatro o proyectos personales cuando han roto contigo (y no es verano)
Cómo trabajar en tu compañía de teatro o proyectos personales cuando han roto contigo (y no es verano)

Es septiembre. El tiempo se ha ablandado. Y la relación que sostenía muchos sentidos ha quedado en un relato doloroso por una de las dos partes. Es preciso llenar los huecos que dejó tanto tiempo en cocinar para el otro, textos larguísimos molestados en escribirse para hacerse comprender. ¿Qué quedo de tanta tierra abonada? Algo incomestible, fruto de la contaminación, del exceso de agua en las partes incorrectas; queremos al otro como los niños quieren a sus muñecos: Desmembramos sus brazos, estallamos su pecho contra el nuestro y por último lloramos su pérdida hasta que nos compran otro. Esos huecos se llenan con los recambios, con las relaciones fallidas que llamamos amigos. Y ellos nos consuelan, nos sacan de paseo en cochecito y nos alimentan de tapas y cerveza hasta hacer el atisbo de una risa. Aún no es suficiente: el trayecto de camino a la casa donde antes pasaba todo lo importante se hace doloroso. Decides proyectarte en tu carrera, en ser el mejor de todos los tiempos, sustituir el afecto por reconocimiento social. El público de los recitales de poesía más tibios te acaricia en esos tres minutos, las palmadas parecen caricias, el teatro se pliega en corro por ti. Han venido todos a verte, solo a ti; a verte, solo, a ti. El esfuerzo, las noches hasta tarde escribiendo, preparando ensayos, promover estrictos hábitos, dolores gemelares, intercambiar trastornos de forma estival: Del TCA a la ansiedad, de la ansiedad a la estrés, del estrés a la depresión. Se consagra algo. En una entrevista dices: “No conozco a nadie que tuviera un hijo y comenzara a escribir mejor, cantar mejor, construir puentes mejor, dormir mejor. Y me he leído unas cuantas biografías. Es, más bien, cuando uno se pone manos a la obra con dichas tareas cuando el resto de su vida ya ha alcanzado un cierto cenit”. Acabas llorando off the record mientras tu representante dice que la entrevista ha terminado y te cubre el busto con la chaqueta que habías dejado en el respaldo de tu silla. Pasan los años, pero tú ya solo mides el tiempo el procesos artísticos. Uno nuevo, una pieza de encargo, el centro dramático nacional, la sala grande, dinero como para fabricar sueños. Miles de intérpretes se mueren por trabajar contigo. En el casting encuentras miradas que, como no puedes tener, las diriges. Sigues siendo una niña que junta dos dos muñecos para que se besen. Ficciones que una quiere para sí. Es una forma de control, salirse de la sala de ensayos puede hacerte más daño de lo que crees. Premios, prestigio, una vida digna de una entrada en Wikipedia. Países vistos de noche en hoteles liminales. Se ha hecho tarde, dices. Vivirás años en la línea de un libro de texto de Historia del Arte, hasta que saquen una nueva ley educativa que te saque de las aulas. 40 años dedicados a la catarsis para poder ganarte esa línea. Descansar sin cerrar tu arco de persona es una ironía de hierro merecida. Qué hubiera sido si hubieras sido un poco peor en lo tuyo, si esa noche te hubieras quedado hasta tarde tomando una cerveza con aquella persona en vez de irte a casa porque mañana tenías que enviar una subvención que terminaba ya. Nadie lo sabe, pero un conjunto de posibles se aproxima a una certeza en el infinito.

Ve, corre, libre de ti, con la mirada del tamaño de un paisaje.