1 julio 2025
¿El teatro de improvisación es un arte menor?
A menudo tan utilizada en procesos de creación, al final parece que solo sirve para eso y como herramienta de baja estofa para rellenar un escenario.
Llevo diez años haciendo improvisación teatral. A menudo tan utilizada en procesos de creación, al final parece que solo sirve para eso y como herramienta de baja estofa para rellenar un escenario. Llena, sí, llena teatros, pero mayoritariamente privados. Si artes como la danza o el circo rara vez son programados en espacios públicos, la improvisación no ostenta siquiera la categoría de programable. Hay excepciones, las hay. Pero, para el público general, los espectáculos teatrales consisten en una sucesión de escenitas ligeras a modo de sketches, preñadas de chistes más o menos malos, con cierta imaginación y en las que, si el precio de la entrada es ostentoso, las improvisadoras hasta se habrán movido un poco por el escenario y hecho aparecer algún objeto en la imaginación del respetable. A veces incluso, pedirán salir a alguien del público, o serán increpadas por despedidas de soltera y/o cumpleaños que, por supuesto, se notificarán y concederá su correspondiente minuto de gloria (véase parecidos con el mundo de la magia, el stand-up o las bandas tributo). Y todo ello orquestado por una dramaturgia a base de la misma ristra de juegos que se crearon en los ochenta. Esto es lo que se conoce como catch y hay maneras más o menos elegantes de hacerse. La impro no es solo eso, claro, hay formatos de improvisación teatral larga. Aquí, las historias puedes ser más extensas, pero se tiene como base trabajar más la emocionalidad y el desarrollo de los personajes. Requiere un dominio de las emociones, la gestualidad y la dramaturgia.
Un problema en el mundillo de la improvisación, que bien pudiera ser una de la causas por las que se le considera un arte menor, es que no hay formaciones profesionales en improvisación teatral (miento, está el FIT que, aunque solamente tenga de duración un mes, es maravilloso y este año hace su segunda edición. Ojalá tener pasta para apuntarme). Por lo general, las escuelas de impro ofertan formaciones de una sola clase semanal de 2-3 horas. Esto claramente hace que las alumnas suelan tener un fin más recreativo, a modo de hobby (cosa totalmente válida por otra parte), por lo que surgen carencias formativas difícilmente resolubles por partes de las escuelas. Al final, la propia perseverancia de las alumnas debido al amor que tienen por improvisación es lo que les hace medrar en ella. Investigan, prueban a ojo de buen cubero intentando encontrar la excelencia, el más allá de este arte, que, pudiendo parecer menor, no lo es. Muchas estamos perdidas, vemos vetas de excelencia en este campo que nos motiva a seguir picando y que puede llegar (y llega) a la catarsis al igual que una serie de palabras memorizadas en el cuerpo de una actriz.
Pero más allá de los formatos y las formaciones, creo el público piensa que de un espectáculo de impro puede irse de rositas sin que le toquen el jart. Y todo lo contrario: caben más emociones en la improvisación de las que pudiera parecer a simple vista. Estos espectáculos e improvisadoras están en vuestras calles, en vuestras salas más off, comiendo mierda porque «para eso me voy a ver una obra de teatro de verdad» (¿qué hago culpando a la espectadora de esto? ¡ja!). Existen maravillas espontáneas y dejarse suceder por una creación presente es un acto que vale la pena en estos tiempos tan pasados y tan futuros a la vez.