27 abril 2026

La observación

Un señor se desnuda completamente para recitar un poema en un bar de poesía de Malasaña.

Al habla el ciclista David Viñas:

Hace unos días paseaba con mi tándem recién comprada (eso es otra historia) y pasé por una zona de restauración. En la terraza de un Papa John’s, varios amigos manoseaban trozos de pizza chorreantes de queso. En esas que, a mi derecha, un tipo sale de un coche, se les acerca y les dice “Tíos, me he quedado sin batería en el coche”. Aquí ya hay una historia cojonuda desde la cual podemos imaginar desde al conjunto de colegas empujando el coche hasta la compra de pinzas + batería en un maxi chino de las inmediaciones con, tronchantes consecuencias.

Un señor se desnuda completamente para recitar un poema en un bar de poesía de Malasaña.

Otra en tándem: Un taxi ha arrollado a un repartidor de Telepizza en una intersección en Goya.

Una abuela se pone a gritar a pocos centímetros de la cara de su nieta que está en un carrito de bebé para que se calle. La familia ríe.

La observación

Estos son pequeños fragmentos que uno atesora. Cuando uno se ha ido especializando en contar historias, comienza a radiografiarlas en la vida. Rellenar los huecos, albúmenes de fotos, entrenarse a uno mismo como a un LLM.

Pero uno puede perderse todo esto si estrangulamos la vida y dejamos pasar los momentos a través filtros prácticos. Controlar incluso lo que la vida le ofrece a uno. El viaje al trabajo como un momento skippeable. Me abstraigo, disocio y me siento en otro lugar con más petróleo mental. Hemos huido de la vida como fuente principal de ficción. Es más lenta, da frutos más amargos, deformes. Y hemos comenzado a vivir la vida a través de la ficción y no al revés. Sufrimos un exceso de catarsis. ¿Pero de qué nos sirve haber aprendido tantas lecciones de vida? Está dejando de importar lo que está pasando. La ficciones siempre han sido más seguras porque nos sitúan en un lugar de confort en el que puedo no ser yo quien está viviendo esto. Puedo pausar, ignorar, acelerar conversaciones incómodas. Si el riesgo se me cuela delante, probablemente le deje pasar.

Hace tiempo leí Pimp, memorias de un chulo. Es una autobiografía de un chuloputas de los años 70 en Estados Unidos. Y, dejando a un lado de qué va, me trasmitió unas ganas insaciables de salir a la calle. Simplemente de prepararme y bajar abajo a hacer mis cosas, a ver qué me deparaba el mundo. Observar y ser observado, mil oportunidades, preparado para actuar. Y quizás poder ayudar a arrancar un coche sin batería entre pares de manos aceitosas mientras un tipo en tándem gira la cabeza para mirarnos.