3 junio 2025

¿Qué hace en verano una compañía de teatro?

El verano comienza a asomarse por entre los sobacos y las lorzas.

Al habla David Viñas.

El verano comienza a asomarse por entre los sobacos y las lorzas. Los días se hacen pesados, ya sea por el exceso de trabajo continúo o la falta de un ventilador en condiciones. A nosotras, ambas. Nos tomaremos nuestros días claro, pero enseguida volveremos a hacer cosas. Hay que organizar la temporada que viene, hacer balance de la pasada, conseguir nuevos bolos, hablar de calendarios y quemar los anteriores. Pero lo más emocionante es que el mundo para, aunque sea un poquito, se desincroniza. La gente se marcha de vacaciones y eso hace que, inexorablemente, haya correos sin contestar, tareas esperando a que te quites el salitre de la piel. Y en ese impasse de horario intensivo una puede crear. El verano, siempre he creído, promete la esperanza de hacer lo que llevas todo el año esperando. Por eso está en medio, porque no aguantaríamos tanto sin, nos desmontaríamos entre tanta ejecución.

¿Qué hace en verano una compañía de teatro?

Ángela va a escribir mucho, lo lleva deseando desde hace meses. Escribir más, escribir más duro. Y ella me leerá y yo comentaré con el meñique en alto. Con la esperanza de una nueva pieza. Un nuevo elemento alquímico que nos alimente literalmente y literariamente. Es difícil que esta profesión no te vuelva un oficinista si quieres dedicarte a ella. Al final, es un trabajo de despacho previo el que hay que hacer antes de entrar a la sala de ensayos o al escenario. Tanto que da miedo olvidarse de crear. Por eso estas fechas son importantes, es navidad. No nieva, pero ojalá nevara, dios santo. Y para crear también hay que parar, pensar quiénes somos cuando no creamos. A mí me gusta jugar al fútbol, la fotografía, los videojuegos y la bicicleta. Un tipo sencillo, de redacción de colegio. A Ángela le gusta ir a nadar, el yoga, la lectura, el baile y la bicicleta. Pero las cosas complejas se componen de la suma de sencillas. Ese es el camino. Llegar a ser lo que un día fuimos en el colegio: niñas con un vocabulario de veinte palabras, capaces de explicarse. Quiero escribir una redacción de nuestro verano como hacíamos antes.

A mí este verano me encantaría cacharrear con tecnología, aprender a hacer videomapping y enamorarme.

A Ángela este verano le encantaría investigar sobre el mundo, comprometerse con una rutina de creación y enamorarse.