18 agosto 2025

Tenemos que hacer más cosas que se nos den mal

yo le solté con el amargor propio de una mala naranja «las mirará, las probará y pensará: bueno, lo intentó».

Al habla el mejor de todos los tiempo, El poeta.

No he ido a una sola obra de teatro estos días. Y se siente extraño, pero no necesario. Soy otras cosas a parte del teatro. Jamás me ha gustado esa típica frase que sueltan algunos creadores: “Yo es que solo sé hacer X, no podría dedicarme a otra cosa”.

Sin embargo, hay una frase que me encanta de una entrevista a un futbolista al que le preguntaron «Si no hubieras sido jugador de fútbol profesional, ¿qué serías?», el respondió: «jugador de fútbol amateur». Y pudiera parecer que ambos casos tratan de lo mismo pero, au contraire mon frère, no creo que una haya nacida solo para realizar un trabajo específico. Si, de repente, no pudiera hacer teatro ni escribir, haría otra maldita cosa a la que dedicarle la pasión. El tema no es lo que haces, no nos creo sujetos hiperespecializados y por ende válidos en un solo campo, y menos si lo haces bien. Algunas personas nacieron, se le aduló por su destacable desempeño en algo y se dedicaron en cuerpo, alma e identidad en hacer ese algo. Estas personas, tú podrías ser una de ellas, quizás no eligieron nada, tan solo progresaron en aquello que se les, dijo que, daba bien. Normal, buscamos nuestro lugar en la sociedad y pasamos por el puñetero aro de ser válidas para la comunidad. Sin embargo, ahí nos podemos ver envueltos en un fino velo de seda que nos acaricia y da confort por la mirada del otro. Hay un tipo de pureza en aquella cierva que entra en una materia con aire patoso pero a la vez con curiosidad. Apuesto todo mi capital contra el aprendizaje en su más pura esencia, desde abajo ¿Podemos permitirnos no ser las mejores en todo lo que hagamos? Me gustaría que nos manejáramos más por nosotras mismas.

Tenemos que hacer más cosas que se nos den mal

Si he competido alguna vez, ha sido conmigo misma, quizá demasiado. Me tengo que perdonar las cosas, como unas galletas de chocolate que hice hace poco para alguien y que se me quemaron. Recuerdo que Ángela me comentó en su momento «aunque no estén buenas, apreciará el gesto» y yo le solté con el amargor propio de una mala naranja «las mirará, las probará y pensará: bueno, lo intentó». Aún con todo, ahí están, esas galletas se entregaron y no resultaron estar tan malas. Aprendí a hacer mejores galletas (las galletas son una metáfora, ¿vale?, una metáfora del…teatro y las pepitas de chocolate son… yo qué sé). Es por eso que nunca hay que olvidarse de la regla del nueve: nueve de cada diez cosas que hagas en tu vida serán una mierda. Así que abonemos el mundo de ellas, y en el proceso maravillémonos de nosotras mismas.