13 mayo 2026

Una nueva etapa

Qué hace a un grupo perdurar.

Qué hace a un grupo perdurar.

En ocasiones nos lo preguntamos. En la vida pasamos por el colegio, la universidad, el trabajo… Y todo da mucha pereza, sí. Pese a ello, aquello que nos hace mantener alienados (perdón, quería decir alineados) los días unos tras otros son los compañeros de estos espacios. El contacto con lo humano es lo único que te haría pisar las frías oficinas de Chamartín, pulsar los manoseados botones de sus máquinas de vending o transportarte a ti mismo en un vagón que pide a gritos que alguien lo estrelle. Digo que las personas son lo único que nos sostiene, y el teatro no es diferente.

Una nueva etapa

Hace unos años, cuando una de nosotras estaba comenzando en un nuevo puesto de trabajo que consistía en impartir improvisación teatral, leyó en uno de los manuales: “ES IMPORTANTE QUEDARSE A TOMAR UNA CERVEZA DESPUÉS DE LAS CLASES PARA CREAR GRUPO”. Este consejo, que parecía haber sido extraído de un curso profesional de Síndrome de Estocolmo, nos dejó pensando en la verdad de todo esto. En este espacio, las artes las tomamos como una profesión, claro está, pero hay mucha gente que la utiliza como un hobby. Eso está: bien; sentenciamos. Porque juegues una pachanga con los colegas todos los viernes no tienes que aspirar a la búsqueda de tu Roberto Carlos interior. No toda acción exige sacrificio más allá de sí misma, aunque sí de compromiso en el propio acto; esto creemos. Palabra de Sutura Teatro. Pero un hobbie no suele estabilizarse en el propio tiempo hasta que no aparecen las personas. Las personas, alrededor del placer de realizarlo algo, forman una comunidad, dotan de sentido a la reunión. Ya sea, quedarse a estudiar para un examen, atracar un banco o hacer teatro. Se crean lazos con la excusa de hacer algo, lo que sea.

Cuando se acaba aquello que provocaba la reunión, se intenta extender la vida útil del grupo. Dar otro propósito que señalice la relación. Vivir en el mismo barrio, comentar una serie, comer en un restaurante. Sin embargo, ¿esto funciona? En algunos casos, las vidas se bifurcarán por otros motivos: un trabajo en la lejanía de otra provincia, un nuevo hobbie que ocupa las tardes, una pareja, nuevos estimulantes que ocupan el tiempo o cansan la mente para tomar unas cervezas después con los otros. Llegar tarde, cancelar, estirar el tiempo entre presencias. En otros casos se sostiene por voluntad, pero es un esfuerzo y, como el gimnasio, es algo que se abandona tarde o temprano (¿no?). No es culpa de nadie, no matemos al mensajero tampoco. Todos hemos querido algo que se ha deshecho en nuestras manos, como una bola de nieve que al tacto caliente se desvanece. Hay quien lucha por mantener, hay quien entiende y deja que todo crezca y fluya. Una vez una maestra nuestra dijo: “cuando se acaba el amor, comienza el entrenamiento”. Al igual que regar todos los días una planta que, si no fuera por nosotros, moriría. Ese acto de salvación es lo que hace que un grupo perdure.