10 septiembre 2025

Más afecto y menos salsa rosa

El contraataque de Ángela Harris Bueno ante el sensacionalismo.

Al habla Ángela Harris Bueno: qué sorpresa, no me esperaban, ¿verdad?

Celebrando el embargo de armas por parte de España a Israel, yo le he embargado el puesto de newsletter hasta nuevo aviso a David. Demasiada gente preguntando por la última entrada: «oye, ¿David está bien?», «hola, Ángela, te escribo a ti porque David seguro que está destrozado», «es que lo de la newsletter de Sutura es fuerte». Y no. Basta ya. David está perfectamente, nadie ha roto con nadie y seguimos felices, muy felices (un besito para Dandara desde aquí, meu amor) cada una con su pareja. Empezando a comprender la tremenda corresponsabilidad que es, fuera del verano, decidir unir tu vida a otra persona. Más cuando somos fervientes seguidores de esa secta llamada «pluriempleo» y «precariedad».

Más afecto y menos salsa rosa

Volviendo al tema. Hoy David me reconoció que quizás se pasó un poco. «Los límites de la ficción, ya tú sabes» (si no has leído la última newsletter de Sutura Teatro y no sabes de qué estoy hablando, te la dejo por aquí). El caso es que está genial el clickbait porque vivimos en los tiempos del sensacionalismo y la inmediatez, pero no nos representa. Nos gusta ser macarras, y osadas, pero sabemos que contamos con una misión: «crear experiencias que sanan, conectan y transforman a través de la fusión del teatro, la ciencia y la tecnología, invitando al público a un viaje emocional lleno de reflexión, juego y catarsis». Fácil (Esta misión es la que pone en nuestra web, pero realmente hacemos teatro para llenarnos los bolsillos de pasta. De momento vamos viento en popa con cuarenta y siete euros en nuestra cuenta comunitaria).

Si algo mantiene Sutura Teatro en pie es que nos gusta la gente. Desde que empezamos hace ya casi seis años, uno de nuestros temas fetiche —véase Capilla ardiente, El viajante, Manos, AEGIS, Cómo ligar (muy fácil)— ha sido y es la soledad no deseada. Creemos que ante eso la única respuesta que podemos dar está basada en la comunidad, la ternura y la escucha.

Paradójicamente el día del apagón, David y yo nos iluminamos. Salimos con Cristian (nuestro otro compi de piso y amigo), sin señal en el móvil. Yo tenía que trabajar en ese momento en el pequeño supermercado eco donde hago media jornada semanal. Cuando llegamos una larga fila de personas esperaba en la oscuridad entre productos detox, keto, colágeno en polvo y crackers de trigo sarraceno. Bebían con fervor la kombucha que les daban mis compañeras. Ellas, en medio de este caos, guiaban iluminando los productos con su linterna del móvil, luego procedían a apuntarlo en un cuaderno, hasta finalmente sumar los precios en una calculadora, y cobrar en mano. Todo este proceso para terminar con una lista de alimentos de primera necesidad fundamentada en la receta de un aperol spritz.

Más afecto y menos salsa rosa

En más de una ocasión, les pregunté a mis amigas de latinoamérica qué incluían en su kit de supervivencia habitual para este tipo de situaciones de emergencia. Me dijeron: «linternas, agua, velas, estufa de gas, planta eléctrica, comida enlatada, powerbanks…» Sin embargo, cuando les pregunté qué metían afectivamente en el kit, no sabían qué decirme. «¿El número de teléfono de mi abuela, esa persona a la que llamaría primero, la dirección de la casa de mis mejores amigas, el ronroneo de mi gata al acariciarla?». Nos dimos cuenta de que si las estrellas nos guían y evitan nuestra pérdida, es necesario fundar una constelación de humanidad. Eso solo se hace de una manera: compartiendo y conociéndonos mejor.

Por todo esto (y no se va a notar el spam), hemos creado nuestro laboratorio gratuito Kit de supervivencia afectivo para cuando la ciudad duerme.

Apúntate en este formulario prontito, que andamos con últimas plazas.

¡Abrazo de Sutura!