
Bueno, bueno, bueno. Os saludamos sacudiendo enérgicamente cada una de vuestras sudorosas manos, sudorosas precisamente de nervios por conocernos. Nosotres también lo estamos, por supuesto, pero somos una compañía de teatro profesional, así que aparentamos indiferencia.

Algunes ya nos conoceréis, otres no. Hemos variado inexorablemente con el paso del tiempo. Seis años dan para mucho (cumplimos seis años este verano, ¿no es increíble?) y hemos crecido como nos has dado la gana. Aún recordamos (y vosotres también a partir de ahora) el rosal que plantamos en la casa de campo asturiana de una de nuestras integrantes, Ángela Harris Bueno, cuando terminamos nuestro primer montaje, El Viajante. Ese rosal ha representado el crecimiento vital de la compañía todos estos años porque somos un poco una, perdonadnos la expresión, panda de flipaos. Por eso, este año nos paramos, miramos hacia atrás y decimos: gracias por dejado que nuestra luz incida sobre vuestras corneas en algún momento para dejarnos ser vistos. Y, si no es así, esperamos que lo sea pronto. Este año pretendemos establecer un diálogo interminable con vosotres. Porque estáis muy callades desde vuestras «butaquitas» de espectador. Y queremos zarandearos hasta que os emocionéis o pidáis la devolución del dinero de las entradas. Todo o nada, muchaches.

Somos Sutura Teatro, una compañía de artes escénicas especializada en la hibridación de arte, ciencia y tecnología. Somos Ángela Harris Bueno, una dramaturga de la RESAD con muy buena leche y textos sensibles y carcajeables. Somos David Viñas, un matemático e informático de la UPM con dotes para la comedia y la poesía. Y somos la caña.